
Hay veces en las que uno tiene que ver un problema, o un conflicto, con una perspectiva amplia para obtener una buena visión del panorama. Es como el que está paseando por una ciudad y el que la ve desde un helicóptero. El que pasea no ve más allá de los edificios más próximos y el que está en un helicóptero la ve con perspectiva aérea, lejana... en definitiva, viendo el conjunto de la ciudad, y no sólo dos o tres calles.
Pues eso es lo que pasa con toda la polémica del comúnmente conocido como Proceso de Bolonia, el cual afecta a todas las universidades públicas españolas. Y pasa que aquí pocos hacen autocrítica y pocos ven el conjunto de factores que están llevando a que éste se implante "sí o sí" en la universidad.
Yo no voy a entrar a valorar el Proceso de Bolonia, ni lo que quiere imponer (el Espacio Europeo de Educación Superior, alias EEES), porque sinceramente, aunque tengo una vaga idea de lo que hay, no me considero una persona lo suficientemente informada como para entrar a debatir este asunto. Hay páginas en Internet que hablan largo y tendido del tema. Yo sólo tengo como estudiante dos cosas claras, y es que, por un lado, la información oficial escasea, mientras que por otro lado veo que la pasividad del alumnado y de gran parte del profesorado es evidente. Pero ni una parte reconoce esto, ni la otra reconoce lo otro.
Y como ejemplo pondremos una votación que hubo el pasado 23 de abril en la Universidad Complutense de Madrid convocada por la Delegación de Estudiantes. La votación no era muy complicada; tú llegabas a las facultades y encontrabas mesas en las que te facilitaban una papeleta y votabas, dando previamente tu nombre, tu DNI y confirmando los estudios que cursabas. Así de simple y de sencillo. Además, no era una votación para cancelar o aprobar Bolonia definitivamente. Para nada. Era una votación en la que tú opinabas cómo estabas de informado y si querías pausar momentáneamente el Proceso para que hubiese un debate que, en realidad, no ha habido hasta el momento.
El resultado final demostró que un 88,74% de los participantes estaban a favor de parar Bolonia para debatir el proyecto. Eso supone una mayoría abrumadora frente al 5,16% que estaba en contra de parar Bolonia y el 5,8% que se mostraron indiferentes.
Sin embargo, y a pesar de estas estadísticas, el rectorado obvió el resultado de la votación y no ha accedido a parar el Proceso para debatirlo. Mucha gente, estudiantes sobre todo, han puesto el grito en el cielo. Es una injusticia, dicen. En parte sí, pero seamos serios... la participación del alumnado en la votación fue de un 15,32% (en total participaron 9.504 alumnos de los 62.017 que tiene este curso la Universidad Complutense). Es decir, que alrededor del 85% de los alumnos pasó de la votación, y, por lo tanto, dio a entender que pasaba del Proceso de Bolonia. Vamos, que les da igual lo que suceda (y aunque había una opción en la papeleta que marcaba esto, ni se dignaron a pasarse por las mesas).
Y claro, el rectorado de esta universidad, que todos sabemos que quiere instaurar Bolonia cagando leches (en algunas facultades actualmente ni siquiera hay presupuesto suficiente para llevar a cabo las reformas necesarias), se frota las manos. El 88% del 15% de los alumnos de la Complutense no supone una protesta masiva. Y por lo tanto, sin protestas masivas no hay presión. Y sin presión no hay obligación de revisar nada. Y esto es lo que hay, gracias, en gran parte, a la pasividad de los estudiantes.
Con todo este escrito no quiero iniciar un debate sobre el Proceso de Bolonia, del que lamentablemente, repito, estoy escasamente informado para lo que en realidad me concierne (que es mucho). Lo que me gustaría es invitar a la reflexión sobre por qué muchas veces los que mandan pasan por alto un descontento supuestamente popular. Y la respuesta creo que puede estar, entre otras cosas, en que las estadísticas demuestran que ese descontento no es tan popular. Porque la verdad, parece mentira que a estas alturas se crea que se puede parar esto con cuatro manifestaciones al mes, las cuales sólo reciben cobertura mediática decente si hay palos por parte de la Unidad de Intervención Policial (alias antidisturbios, alias hijos de puta). Las manifestaciones están bien, pero esto no es la dictadura, y habría que acompañar las protestas callejeras de protestas "oficiales", que son las que amparan las votaciones y las estadísticas.
Pero en este caso, ni muchos de los que votan se manifiestan, ni muchos de los que se manifiestan votan. Y lo que es peor, la gran mayoría no hace ni una cosa ni la otra.
También me gustaría recalcar, como nota final a esta crítica, y esta vez aludiendo a los "opositores activos", que la politización de las movilizaciones no es algo positivo. Sé que a muchos les gusta llevar su banderita y sus eslóganes a las manifestaciones y protestas, pero aquí no se está debatiendo una opción política, sino un Proceso que afectará al sistema universitario público español, con toda la homogeneidad que este conlleva. En este aspecto tendríamos que aprender de las protestas que se están llevando a cabo en Zagreb (Croacia), donde las iniciativas son totalmente apolíticas, lo que les ha granjeado la simpatía y el apoyo de muchos y variados sectores de la sociedad, además del apoyo de toda la comunidad de estudiantes, independientemente de la ideología de cada uno, pues sin política nadie se ve excluído en algo que nos afecta a todos.
