Ya te veo. Me has venido a buscar. Me acerco y distingo tus rasgos con claridad, aquellos que durante años tuve que aguantar pensando que eras un verdadero compañero de ilusiones y proyectos. Pero ahora te estoy viendo sin aquella careta amable y falsa. Ahora te veo tal y como eres; como un hijo de puta que pega puñaladas por la espalda a los que en su día le tendieron la mano. Tu pelo negro es sucio, tu nariz porcina, tus ademanes chulos y tus ojos están llenos de hipocresía y rencor. Veo tu sonrisa de desprecio y escucho las risas de tus lugartenientes. No has venido solo, claro, pues nunca destacaste por ser valiente. Empiezas a escupirme tu discurso, lleno de la prepotencia del que se sabe en una mejor posición que el contrario. Pero yo he decidido no esperar más. No te quiero escuchar. Ya sé a lo que has venido, y te lo voy a dar. El primer golpe va directo a tu nariz, a la parte superior del tabique, rompiéndolo y generando así una avalancha de sangre y mocos que se derraman por tu cara. A pesar de ello puedo observar una mueca de sorpresa que se torna en miedo cuando recibes el segundo golpe. Ahora noto tu sangre tibia salpicándome las manos. Y entonces ya no puedo parar. Un golpe, otro, otro, otro... hasta que comienzo a percibir una sensación lejana, aunque no extraña, que me advierte que mañana tendré que visitar la consulta del médico. Se me están rompiendo los nudillos. Pero da igual. La sangre que ya siento por todo mi abdomen me invita a seguir con esta orgía de violencia. Ya no te ríes, ahora gimes, y no te puedes proteger, te tengo acorralado, confundido y no puedes correr. Tus lugartenientes no se acercan, no quieren acabar como tú. Les invade el terror que se asienta en los corazones de aquellos que siempre dependen de un líder. Y tú eres ese líder, pero ahora has caído en desgracia. Eres una mierda. De repente empiezo a notar que tu masa ósea cambia. Cambia su textura. Vaya, te estoy abriendo la cabeza. Pero no me aborda ningún remordimiento. No sé dónde acabaré tras este acto de justicia poética, sólo sé que estás recogiendo lo que sembraste. Y el que siembra odio recoge hostias.
Ya basta. Ya es suficiente. Ya sabes lo que es la violencia. Y tú eres ruin, por eso has acabado así.
jueves, 21 de mayo de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

2 comentarios:
uuuff...he sentido nauseas...
¡Es que sólo a tí se te ocurre leer esto después de comer!
Publicar un comentario