domingo, 17 de mayo de 2009

La indefensión del tío normal

Tengo 23 años. Nací en el año 1985 y he sido una viva imagen de la decadencia de nuestro sistema educativo, para qué mentir. Y sin embargo nunca me he cortado un pelo al afirmar que mi generación, y las que la han sucedido, ha perdido valores y educación en términos generales.

No hablo en términos ideológicos, los cuales muchas veces se utilizan de forma demasiado gratuita. No, aquí hablamos de personas, más allá de a quién voten o dejen de votar. De personas y de valores.

Pero no hay nada como una pequeña anécdota para ilustrar lo que quiero decir.

Resulta que ayer una persona estuvo cenando con unos amigos en un céntrico restaurante de Madrid. Tras la cena estuvieron de sobremesa y hacia la 01.00 decidieron irse a sus casas, respectivamente. Esta persona ronda los 50 años, tiene una familia y siempre se ha caracterizado por su actitud tranquila y reflexiva ante la vida. En definitiva, un hombre poco amigo de los problemas.

Bien, pues este restaurante del que salen está emplazado cerca de una zona de copas de la capital. Y resulta que cuando esta persona se dirige a su coche para marcharse tranquilamente a su casa se cruza con tres individuos adolescentes (adolescencia tardía diría yo), dos chicas y un chico, que le increpan. "¿Y tú qué coño miras?", le dijeron al hombre mientras una de ellas le lanzaba una rosa de plástico a la cara, de esas que venden los pakistaníes por las noches. Obvia decir que esta persona no miró a los tres imbéciles más de lo que uno puede mirar a otra persona que se cruza por la calle.

Llegados a este punto el hombre tenía dos opciones, u obviar el suceso e irse a casa meditando sobre la juventud española o salir del coche y liarse a hostias con los tres panolis con los que se acababa de cruzar. La verdad es que no hubiese tenido ninguna dificultad en ello. Pero, como ya he dicho, esta persona es de carácter tranquilo, así que eligió la primera opción.

Y yo me pregunto lo siguiente... ¿qué hubiese pasado si en lugar de irse a casa se hubiese encarado con estos individuos?; pues probablemente hubiese acabado denunciado y en comisaría por simplemente tratar de enseñar algo de respeto y educación de una forma directamente proporcional a la chulería con la que él mismo había sido tratado por parte de estas personas. Es decir, se habría encontrado con la indefensión del tío normal frente a la sobreprotección que se hace a día de hoy de los capullos. Puede que precisamente por eso sean unos capullos, quién sabe.

En cualquier caso a veces un par de hostias a tiempo, y nunca es tarde si la dicha es buena, hacen mucho bien. Además, como dice un colega con toda la razón del mundo: "qué bien sienta cuando alguien se merece una hostia y se la das. Sienta bien verla y darla".

Eso es lo que tendrías que haber hecho tú. Por el bien de la juventud.

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